¿De dónde viene?
¿De dónde viene ese canto cantando conmigo?
Romanza callada dejada en lo que oigo viento,
arte del precioso momento transitando el mundo.
¡Ay, yo y mi propio instante que me dicta lo que quiero!
Una pecera oceánica
me ahoga en un conmigo submarino
y hasta me siento pez dorado de mis deseos.
Las manos me fueron hadas
hojeando el reflejo de un urgente alivio
en la edad sin memoria.
Gotean las dudas
como acto repentino de la sangre
en la nada que asegura que es algo.
Yo, el de huesos desaparecidos.
Yo, ya lo dije sin la substancia del ser.
Yo, en mi propia sombra de ceniza.
Yo, al filo de la inútil verdad.
Yo, desamparado en el escozor del YO.
Solo, en los rincones del tiempo,
sigo la escucha de la sangre
en el pozo hondo de la exclamación del mundo,
ya lo dije con los labios de la muerte:
de vez en cuando, la extraña lejanía
respira toda conmigo.

Nunca viví tan triste como ahora.
Nunca viví tan triste como ahora
rodeado de corazones infieles.
Afuera hay un mundo derrotado
por tantas ideas indiscutibles,
obra de la verdad mentirosa
que se agarra como hiedra
de cualquier sistema nervioso.
Las calles inundadas de barullo
en el negro río
arrastran los gritos ciegos
de los profetas violentos.
En la impenetrable roca
de mi aliento,
sólo queda la naturaleza de la mirada
que reúne la tierra con el cielo
y ve crecer
un tiempo de carne y hueso
devorado por la poesía.

Esta es la casa nutritiva del caracol.
Esta es la casa nutritiva del caracol
en la acera poniente de una sombra,
casa ambulante prestada por la muerte,
camino pacífico en el reino del Saṃsāra.
Esta es la casa nutritiva del caracol
sin días buenos, ni lluvias enemigas;
el caracol viaja, avanza y trepa la tierra
orientado por el calcio derretido de su arrastre,
asciende y desciende
por el paisaje que se mueve desdoblándose.
Esta es la Stūpa funeraria del caracol,
secreta peregrinación en la hierba del silencio.
Molusco blando condenado al camino,
vestidura de paciencia
y un sólo pulmón en el espacio ilimitado.
Esta es la casa ZEN
del caracol bienaventurado,
casarcoiris,
casa en la milpa,
casaliento,
antiguo techo de la oscuridad,
piedra cósmica
del primer fuego inventado.
Eso existe, esto es.

Pienso en tu blancura.
Pienso en tu blancura melancólica
desfilando por tu cuerpo,
húmeda todavía en tus hombros
en el deseo que promete l
las flores de un herido infierno.
Pienso en los ardientes varones
llorando en tu espalda rebelde,
a tu gusto imaginado
subes enrollada en las telas del cielo.
Sombra de flores tu mirada de repente
que reclama dulzura,
y en la ventana impaciente
tus sonrisa volátil
olvida lo que está a la vista.
Nada es para siempre,
Sólo las acrobacias naturales
de tu cuerpo imaginado.
Pienso en tu práctica de Patañjali
bajo el signo de sagitario
y tu sonrisa de clavicordio
musicalizando el llanto.
Un centauro te rapta en Shavasana
para esconderte en el danza de la noche.

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